viernes, 26 de agosto de 2011

Una tipa sencilla.

Yo creo que soy muy sencilla, en realidad demasiado.
Considero que tengo buen gusto o incluso algo vulgar, pero eso no hace complejo a nadie. 
El jazz, Cortázar, un Chanel, Paris o New York, la fotografía y algún pequeño detalle.
Soy demasiado soñadora y ese creo que es mi único problema real. El resto, es producto de mi imaginación, insatisfacciones artísticas creativas que se proyectan en la creación de problemas personales. Así que, ese punto de neurótica también creo que es bastante sencillo.
Si pongo el tiempo en una balanza, he de admitir que el dinero nunca estuvo a mi favor, cuando lo tenía era etiquetada como una burguesa acomodada con el cerebro de mosquito, y cuando no lo tengo estoy en lo más out de la faz de la tierra, y mi ropa de la temporada pasada se luce algo avergonzada.
La vida no es Desayuno con Diamantes ni una película antigua en Blanco y Negro en la que un hombre canta enamorado bajo la lluvia.
No sé compaginar mis ganas de llevar una vida despreocupada con querer ser una persona
ajetreada llena de actividades estudiantiles.
Me encantaría planear un atraco al banco de forma sexy y espectacular e ir con los labios pintados de oscuro y que mi acompañante conduzca el coche más veloz del mundo para que
nunca nos pillen.
Creo en la perfección como una utopía, es la publicidad de la vida, como la felicidad.
Tantas películas, tantos sueños, añorar lo que nunca he tenido pero que sé que está vivo  dentro del corazón, porque vivo como si lo tuviese. Imágenes de cafeterías newyorkinas en mi cabeza hacen caiga otra vez en la nostalgia y que quiera encender un cigarro 
y fumarlo con personalidad. 

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