domingo, 25 de septiembre de 2011

Sé las cosas preciosas que hay allí afuera, y eso hace que me deprima más aún. Cuando me enfado y es en ese preciso momento en el que comienzas a gritarme, mientras lo haces y yo miro fotos en el ordenador y las empiezo a pasar de forma compulsiva para desconectar de la realidad, me doy cuenta que es todo tan bonito y que no tengo nada. Esta habitación se repite a lo Escher y respirar la toxicidad de la ciudad me abruma, como el espacio universitario y saber que todos los sueños se van a ninguna parte, o a cualquiera en donde no esté yo.
La comida me importa más bien poco. No sueño con un cuerpo ultradelgado. Sueño con lugares fantásticos donde reposar mi alma y en donde mi mente se active a lo creativo y estar a gusto y feliz.
Ayer y hoy engullí espinacas y acelgas como si fuese lo último que hiciese en mi vida.
No quiero quedar con nadie a las 20:30 pero iré con el estómago petado de esa masa verde.
Que se mueran todos los sitios bonitos a los cuales tardaré en llegar, o en los que nunca estaré. Que se mueran y se pudran, y que si no puedo disfrutarlos yo, que no lo haga nadie.










2 comentarios:

  1. Que se mueran y se pudran, y que si no puedo disfrutarlos yo, que no lo haga nadie.

    Madre mía que razón tienes.

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  2. Y las cosas bonitas que hay dentro. Dentro de tí :)

    Me ha encantado esta publicación...Aloha de nuevo ma belle :*

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